Sí, ganó Trump. La pesadilla de millones de estadounidenses y de miles de personas del resto del mundo ha terminado por cumplirse.

Soy testigo, a través de múltiples canales, del asombro generalizado en el mundo porque Trump haya logrado coronarse como presidente. ¿Cómo es posible? ¿Cómo un tipo como Donald Trump ha podido llegar a presidir Estados Unidos? Hasta los guionistas de los Simpson y Back to the Future lo presentaron como situación surrealista hace años. Pues bien, ahora es realidad.

Pero, ¿de verdad es tan sorprendente? La victoria de Trump, una vez consumada, nos permite realizar un análisis de cuales han sido sus aciertos desde el punto de vista del marketing. Sin duda algo ha tenido que hacer bien el ínclito Donald para llegar hasta ahí. ¿Qué lecciones podemos sacar nosotros de su indeseada victoria?

TRUMP Y SUS 6 LECCIONES DE MARKETING

1. EL MARKETING ES UN JUEGO DE EMOCIONES

Sin duda, el primer y mayor acierto de Donald Trump durante toda la campaña fue el de conectar emocionalmente con su público. Si algo hizo, de forma aparentemente impulsiva, fue decir lo que pensaba. No tuvo filtro. Fue extremadamente beligerante, y frecuentemente se dejó llevar por sus emociones. Mientras Hillary Clinton se mantenía fría y racional, Donald Trump era puro fuego, y el público siempre responde mejor a lo que le enciende que a lo que le deja frío. Siempre.

2. MÁXIMA CLARIDAD EN EL MENSAJE

Pese a mantener un discurso enormemente populista, Trump siempre fue muy directo y claro en su comunicación. En cualquier esquina del mundo se sabe que Trump quiere construir un muro entre México y USA. Que es racista y quiere prohibir el acceso a los musulmanes. Que propone recuperar el respeto por la autoridad de la policía. Pero, ¿qué sabemos de Hillary? Sus ideas son más complejas, más distantes y no fueron expuestas con la misma claridad. Su programa sin duda está mejor fundamentado y definido, pero no supo transmitirlo a la masa de votantes. Y ahí los perdió.

3. PERFECTO CONOCIMIENTO DE LA AUDIENCIA

Donald Trump sabía perfectamente el mensaje que querían escuchar las orejas dispuestas a hacerlo. Y supo dárselo. No le importó si por el camino enfadaba al 80% de la población mundial. Conocía con exactitud lo que le estaban pidiendo la mayoría de sus votantes, y sabía que al satisfacerlos se los ganaría para siempre. El claim “Make America Great Again” resume con exactitud la demanda de los votantes republicanos. Cuando alguien busca un salvador, basta con presentarse como tal. El conocimiento del público granjeó a Trump la fidelidad de una parte del mismo. La parte que necesitaba.

4. ENFOQUE HACIA EL OBJETIVO

En un año, hemos escuchado hablar de Trump hasta en la sopa. No tanto de Clinton. Sin embargo, Donald invirtió en su campaña 20 veces menos que Hillary. ¿Cómo logró tanto alcance? Con una apuesta clara y contundente por la notoriedad. Su objetivo era hacer llegar el mensaje al máximo número de personas posibles, y se esforzó duramente en conseguirlo. No se distrajo ni un momento del camino. Y utilizó para ello la mejor herramienta a su alcance: la polémica. “There is no such thing as bad publicity”. Que hablen de ti, aunque sea mal. Y lo hizo tan bien, que incluso parte de la campaña de Hillary se enfocó en desprestigiarle. Salían celebridades hablando (mal) de él. Obama habló de él. “¡Qué nadie le vote!”. Y basta con decirle a la gente lo que no debe hacer para que lo haga.

5. CONTROL DE DEBILIDADES DE LA COMPETENCIA

Durante los debates, Trump se “olvidó” de sus propuestas y se enfocó en atacar a Hillary. Llegó a perder el control y a llamarla “nasty woman” (mujer asquerosa). Pero supo darle donde más le dolía: el Obamacare, el asunto de los mails, la economía, la política exterior, el terrorismo… se enfocó únicamente en atacar sus debilidades. Las conocía. Las controlaba. Y no necesitó proponer nada nuevo para ganar votos, le bastó con atacar aquello en lo que fallaba su rival. Hacer oposición es muy fácil, y Trump se aprovecho de su posición para deslegitimar a su rival. Y no necesitó ni un solo argumento para hacerlo.

6. LAS CELEBRIDADES NO SON SIEMPRE INFLUENCERS

Vimos aparecer a un montón de famosos pidiendo el voto para Hillary y atacando a Trump. Especialmente duro fue un alegato de Robert de Niro contra el candidato republicano. Pero es evidente que no funcionó. ¿Por qué? Porque las celebridades no siempre son siempre influencers. Son ricos, millonarios, famosos, distantes del pueblo. Se perciben como comprados e interesados. Y en ocasiones su aparición estaba tan bien producida que se notaba la mano demócrata detrás. Se sentía falso, y tuvo el efecto contrario. La naturalidad genera cercanía, y la cercanía, influencia. Pero lo opuesto genera distancia, rechazo. Influencia negativa.

Como vemos, no es una casualidad la victoria de Donald Trump. Dejando a un lado el enfoque ético y responsable, lo cierto es que ha llegado al poder tocando varias teclas con singular maestría desde el punto de vista marketero. Algo que su rival no hizo, y que, al final, terminó por decantar la balanza electoral.

Blog del autor

Autor: José Soto, Máster en Publicidad.

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